lunes, 11 de septiembre de 2006

Alcohol, tabaco y violencia


La Sra ministra de sanidad, preocupada por nuestra salud, decretó, a principios de año, que no podemos fumar en el trabajo ni en las zonas de ocio, si no es que el lugar se define como zona de fumadores, ni en muchos otros sitios. "Pos fale", como decia Makinavaja, pero...
¿Alguien ha matado a la esposa, compañera, novia o parienta por llevar "un cigarrillo de más"?.
¿Alguien ha provocado un accidente mortal de tráfico por ir demasiado "fumado"?
(Y no me refiero a los canutos, por supuesto).
¿Alguien ha llegado a casa, después de fumarse, uno o más paquetes de cigarrillos y la ha emprendido a golpes con sus hijos?.
Supongo que la respuesta es NO, rotundamente a las tres preguntas.
En tal caso, ¿porque no se prohibe el alcohol?.
Ya, ya se, es más difícil controlar al que bebe que al que fuma, salvo los controles de alcoholemia, hechos a destiempo, (yo he pasado un par a las siete de la mañana, yendo a trabajar, con los agentes "delante" de un bar.)
Y esos solamente impiden, hasta cierto punto, los accidentes de tráfico, pues mientras lo pasaba yo, varias decenas de conductores de sexo masculino se iban de rositas, cuando es sabido que es mas fácil que sean ellos los que se tomen el carajillo a las siete de la mañana que las mujeres.
Pero ¿quien controla a los maltratadores?.
¿Como hacer que nadie pueda volver a casa con un par de copas de más y la emprenda a golpes con los hijos y/o la mujer?

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